Garage Sound: Tercera parte (reflexión y conclusión)

Tercera parte: Reflexión, mundo del motor y concusión

Tras las crónicas correspondientes, que podemos leer aquí (viernes) y en este otro enlace (sábado), vamos con una reflexión final, las conclusión, loas, tirones de orejas y más para cerrar la primera edición de un festival que nos ha gustado mucho y que merece más… pero quizás tiene que limar un poco algunas cosas para conseguir el éxito total. 

Capítulo 7. Motores, pro-motores y promotores: 

Pero en Garage Sound Festival no todo fue música… Estaba ideado para fusionar el mundo del motor y el del rock, resultando por ello uno de los festivales más originales de todo el año. Si la entrada al recinto estaba flanqueada por impresionantes camiones, dentro había una exposición de coches y motos no menos espectacular. De esta forma, entre concierto y concierto sonaban los motores (¡qué motores!), bien mediante exhibiciones de minimotos, exhibiciones de freestyle (impresionantes, cierto, pero de haber ocurrido algo –Madcool, insisto- no sé yo las consecuencias que hubiera acarreado), charlas de coches clásicos, e incluso una ruta por la zona (a la que, evidentemente, sólo pudieron ir unos pocos propietarios de joyas como las que había allí dentro).

Fue una buenísima oportunidad para ver de cerca y aprender detalles de tan valiosas máquinas (no ganó el concurso, pero me quedé prendado de Kitt, al que el dueño había tuneado incluso por dentro para hacerlo igualito que el “coche fantástico”. Ya sabéis, como dice el Reno Renardo, ¡¡yo crecí en los ochenta!!).

La pregunta que cabe hacerse, visto todo ello, es ¿dónde estaban los pro-motores? O lo que es lo mismo, ¿dónde estaban los amantes del motor, los moteros, los camioneros, etc.? Lo digo porque el festival también se pensó para ellos… y allí sólo estábamos una representación de “los de siempre”; los que nos vemos en todos los conciertos; los pro-rockeros incondicionales. Es cierto que había ese fin de semana concentraciones moteras (sin ir más lejos creo que en San Martín de la Vega, en la misma provincia de Madrid), pero ¿de verdad este evento no llegó tan siquiera a movilizar a una pequeña parte del colectivo pro-motor? Es difícil de creer, pero se me escapan las razones por las cuales no llegó a interesarles. ¡Ni siquiera era un festival caro! (si lo comparamos con los habituales).

Por otra parte tenemos a los promotores, los que arriesgaron para montar Garage Sound Festival y ofrecer una alternativa muy interesante, original, que se salía del “más de lo mismo”. A estas alturas siento decir que no me cabe duda del batacazo que se habrán pegado económicamente. También sé que no es consuelo, pero al menos permitidme decir que fue un triunfo a nivel humano y artístico: todo el mundo salió del festival con la misma sensación de haber asistido a un evento diferente… y esperando que haya una segunda edición, lo cual dice mucho del buen trabajo realizado por su parte.

Dicho esto, hay que resaltar aspectos a corregir y aspectos a aplaudir. Entre los primeros, las luces en todos los conciertos fueron más bien deficientes, complicando el trabajo a los fotógrafos y al público. Faltaron unos buenos cañones… y mejores luces en general. El calor no es culpa de nadie, está claro, pero tal vez la fecha tuvo mucho que ver con la poca afluencia de público, inmediatamente detrás de cuatro grandes festivales veraniegos (Download, Rock Fest, Resurrection y Mad Cool) y de grandes giras, como la AEROSMITH (la de GUNS N’ ROSES ya quedaba lejos… o no), DEEP PURPLE, venía SCORPIONS… Los bolsillos estaban tocados… y las vacaciones a la vuelta de la esquina.

Quizá un cambio de fecha a época otoñal o primaveral sería una buena opción. Y en tercer lugar deberían idear un tipo de promoción que conectara más con la parte de público que se ausentó. Insisto en que no sé los motivos, pero al menos habría que investigar las causas, y el cómo hacer una publicidad más efectiva. Incluso buscar patrocinadores extras, que el mundo del motor tiene unos pocos…

Entre los segundos, por ejemplo, hay que destacar la gran calidad del sonido para casi todas las bandas (MUSTASCH se llevaron la peor parte), y un cartel muy variado. De puertas para adentro sólo saben cómo estuvo organizado los que estuvieron implicados en ello, pero hacia fuera, dejando a un lado los pequeños desajustes como el de la apertura del viernes (de puertas y de barras), hubo muchos detalles que conviene resaltar, como los precios de la bebida: minis de cerveza o calimocho a 7 euros (casi a precio de bar, cuando el resto de festivales abusan descaradamente de nuestra sed y nuestro bolsillo). No me gustó tanto lo de los tickets para pedir, que al final termina siendo un engorro para todos. Hubo agua constantemente en la zona de prensa, lo cual se agradeció muchísimo a tenor de las temperaturas, y una atención fantástica para que pudiéramos realizar bien nuestro trabajo (no puedo dejar de citar a Ana Laballo y Alberto Marín, que no cesaron de estar pendientes de nosotros).

Las firmas siempre son un apartado interesante en cualquier festival, y en este caso, efecto colateral de haber menos público, consiguieron acercar mucho más a los músicos con sus fans. También había una zona infantil muy bien atendida en todo momento por monitores que supieron entretener a los niños cuando se cansaban de conciertos y exhibiciones. ¡Los rockeros nos hacemos mayores, y es importante tener atendida y motivada a la siguiente hornada!… ¡Ah! ¡Y una ducha! Que puede parecer un detalle tonto, pero a más de cuarenta grados hizo su función…

Capítulo 8. Una conclusión 

Pasamos calor, mucho calor, hasta entrada la noche. Cierto. Hubo desajustes organizativos puntuales. Cierto. Hubo poca gente. Cierto… A pesar de todo, nadie terminó con la sensación de haber estado en un mal festival. Por el contrario, la sensación de buen rollo y de que hace falta una segunda edición fue general. Y eso dice mucho del trabajo de promotores y organización. Todos los grupos estuvieron a un altísimo nivel, lo cual contribuyó en gran medida a lograr esa grata impresión. Público escaso, sí, pero muy contento y bien tratado, lo cual es muy importante para que un festival perdure. Idea original que necesita retoques y pulir detalles, cierto, pero se ha sembrado la semilla para hacer algo que puede llegar a ser muy grande. Los principios no suelen ser fáciles, no lo olvidéis.

¿Habrá Garage Sound Festival 2018? Estoy convencido de que sí, a pesar de todo lo que hayan podido perder económicamente en esta primera edición. También estoy convencido de que cambiarán cosas, pero en cualquier caso creo que veremos una versión mejorada de uno de los festivales más interesantes de todo el año. Sólo queda agradecer el esfuerzo, y esperar noticias (que vendrán).

Texto: Fernando Galicia

Fotos: Boliche Ángeles

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