Un estelar ROBE en RIVAS… luchando contra la Montaña

Luces y sombras, aunque en general destacando el buen show de la banda, en el concierto de ROBE en Rivas, uno de los primeros conciertos de la gira, aún sentados y tranquilos pero con ganas de rock. Os lo contamos y mostramos…

HEader

ROBE: Auditorio Miguel Ríos, Sábado 11 de septiembre (Rivas, Madrid)

Estrellarse contra una Montaña… En una fecha tan señalada (por muchos motivos), aterrizó el Mesías del Rock Transgresivo en Rivas, en su auditorio favorito de los últimos años, emulando al ‘Cristo de las Pistolas’ (en una “Mayéutica” para todos los públicos que desea dejar atrás aquel espíritu indómito del “Yo, Minoría Absoluta”) dispuesto casi a resucitar a Sísifo (para que empujara la ‘pedrá’ contra las localidades lejanas, casi en medio de la montaña) y que no permitieron a la inmensa mayoría de los asistentes poder disfrutar adecuadamente del show, por su frialdad y lejanía…

Cual Lázaro tratando de disipar la apatía colectiva por el rocanrol (que se vive en estos tristes momentos para gran parte de esa juventud ‘perdida’ de botelloneros y ralea reggeatonera), se presentó Roberto Iniesta en una noche fresca, que no se prestaba para demasiados alardes. Intentando prender la hoguera, cuya energía alimentó nuestros sueños de adolescencia, rodeado por una banda de auténtico lujo, entre los que se contaban por Woody Amores a la guitarra eléctrica (SINKOPE o RAIMUNDO AMADOR en su curriculum) y por Álvaro Rodríguez Barroso al piano, los teclados (y Hammond algodonoso), más los músicos habituales en sus dos anteriores entregas: David Lerman al bajo, Carlitos Pérez al violín y Alber Fuentes a la batería, más la participación de Lorenzo González en segundas voces y coros, se lanzó ROBE a las tablas, para presentar una colorida MAYÉUTICA (especialmente en la segunda parte del show).

Robe

Desde el principio, nuestro héroe favorito se lanzó a tumba abierta por el camino de las utopías sonoras y de los verdes prados de su lírica arrebatada, regalando de inicio piezas como “Hoy al mundo renuncio”, “Guerrero” y “Si te vas” (de la cosecha de Extremoduro ‘Para todos los Públicos’) que presagiaban un gran concierto.

Bajo el efluvio de una fecha cuasi-maldita donde entre otras efemérides se conmemora el infausto 11-S de 2001 (con el derribo de la Torres Gemelas), el criminal y sangriento Golpe de Estado de Pinochet (11 de septiembre de 1973) y no olvidemos también, La Diada (Fiesta Nacional de Catalunya), basada en la derrota de las Tropas Austracistas en 1714, y cuya consecuencia fue la pérdida de las Instituciones Catalanas Propias de entonces, más una horripilante represión posterior…). Tras esa luna “maldita” se batió en cobre el Mesías del Rock Transgresivo en un bolo un tanto desangelado, por la falta de calor del público, y también un pelín acelerado, ya que sobre el horizonte se extendía la pesada sombra de unos Fuegos Artificiales (que debían dispararse a media-noche y que venían a continuación del show) y que de alguna manera lo condicionaron…

Si a esto añadimos la mala disposición de las localidades, con la pista semi-vacía y tan solo poblada por unas escasas sillas, para que unos pocos “privilegiados” pudieran disfrutar de la velada, mientras el grueso del público restante tenía que ver el concierto desde la lejanía que imponían unas frías gradas a más de 100 metros de distancia, algunas de ellas situadas en plena montaña y donde apenas se podía ver nada. Dada la regulera realización del concierto en las pequeñas pantallas situadas a ambos lados del escenario, se pueden imaginar ustedes la magnitud del desastre. Aun así, hicimos de tripas corazón para que estas circunstancias tan negativas no empañaran nuestro ánimo y poder disfrutar mínimamente de un show que estaba condenado a la hoguera desde el principio.

Parafraseando el primer disco que alumbró Robe con los EXTREMODURO, esta crónica arrebatada podría titularse: “Tú en la Hoguera (de las pasiones), nosotros en la Montaña”. Durante la primera parte del espectáculo, hubo demasiados momentos para la quietud (“El cielo cambió de forma”, “Suspiro acompasado”, etc) y apenas pudo verse el fragor del público salvo en escasas pinceladas, que se dieron a cuentagotas en piezas como “Golfa” o “Locura transitoria”, por culpa de unas desmesuradas medidas de seguridad (derivadas de una Normativa COVID mal entendida) que cortaron el rollo a propios y extraños, hechas “Contra todos”. Como apostilló Robe: “Hoy hablaremos de nuestros defectos constitutivos…”. Amén.

Con la mayoría del personal hacinado en unas gradas muy lejanas, y con pocas ganas de bulla, en general, salvo unos pocos… de este modo tan desangelado, se puso fin a una primera parte que dejó buen sabor de boca entre la concurrencia, pero cuyo calor tibio no llegó a conmover del todo nuestros corazones. Tras los quince minutos reglamentarios de descanso (como si estuviéramos en un partido de fútbol) comenzó la segunda parte al son de esa “Mayéutica” tan particular que el Mesías del Rock Transgresivo trae bajo el brazo, despachándola de cabo a rabo y dejando algunos momentos muy inspirados y enardecidos, como cuando nuestro protagonista alardea: “quiero hacerte bailar como una puta loca…”.

Fin de fiesta al ritmo de clásicos “modernos” como “Standby” y “La vereda de la Puerta de Atrás” (rolas que consiguieron por fin poner al respetable en pie) ante la impotencia de unos Vigilantes Jurados que se vieron desbordados en el tramo final del show, y cuyo celo para que el personal cumpliera con la Normativa Vigente también fue desmesurado a lo largo de las dos primeras horas, en la opinión de este humilde escriba. Pues dieron la vara más lo recomendable para que algunos espectadores ‘díscolos’ se subieran la mascarilla, molestando de paso a todos cuantos se encontraban alrededor de estos ‘elementos’ rebeldes y discordantes…

Público

“Y rozar contigo” más la sempiterna “Ama, ama y ensancha el alma”, con la peña más acalorada, pusieron el broche a una velada agridulce que esperamos repetir pronto, ya sin restricciones y pudiendo disfrutar del espectáculo de pie, pues musicalmente transmitía mucha calidad y determinación. Claro, que si estás en el quinto infierno no se disfruta igual, como pueden ustedes imaginarse.

Lo dicho, en Rivas, ROBE se estrelló contra la Montaña de la Normativa COVID, y el impacto lo sufrimos todos nosotr@s, en nuestras carnes. Todos los que estábamos en las GRADAS salimos con cierto resquemor, pues solo unos cientos de afortunados (que estaban en PISTA) pudieron relamerse y deleitarse a base de bien con el licor que trae entre manos este bardo tan particular. Para los que nos situábamos en el altozano, casi daba lo mismo estar más abajo que más arriba. Se escuchaba poco y apenas se veía nada.

Esperemos que vengan mejores noches, sin restricciones, ahora que estamos en los estertores de la pandemia. Y que el revoloteo kamikaze y esta “Mayéutica” hipnótica y rutilante levante el vuelo en lo que resta de gira…

Texto: Fran Llorente

Fotos: Amanda Gerpes – Galería de fotos completa (desde lejos) en este enlace

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